Atención plena: estar presentes no es un lujo, es una habilidad

Estar presentes no es un lujo, es una habilidad Y como toda habilidad, puede entrenarse.

Este breve relato muestra cómo algo tan simple como tomar té puede enseñarnos una gran lección sobre atención plena en el trabajo, eficiencia y respeto en los vínculos laborales.

Te invito a leerlo. Tal vez encuentres en él una práctica sencilla para aplicar hoy mismo.

El té tiene otro sabor

La semana pasada, mientras trabajaba con un equipo la importancia de estar presentes en cada encuentro, recordé un ejercicio que alguna vez le propuse a un estudiante universitario durante una tutoría.

Él se sentía abrumado por el paso de la enseñanza media a la educación superior.
Había soñado con estudiar ESA carrera, en ESA universidad, pero ahora la idea de abandonarla se hacía presente. No porque ya no le gustara, sino porque la ansiedad, la frustración y el cansancio lo hacían sentir ineficaz.

Uno de los temas que abordamos fue la ilusión de la multitarea.
Nos vendieron —y compramos— la idea de que hacer varias cosas al mismo tiempo nos hace más eficientes. Pero no es así. Cuando dividimos nuestra atención, no logramos concentrarnos completamente en ninguna actividad, y al terminar el día, sentimos que no hicimos nada. Eso ocurre porque al saltar de una tarea a otra, perdemos la experiencia de cerrar una actividad y darle sentido.

Le propuse una tarea sencilla: hacer una sola cosa a la vez y ser consciente de lo que estaba haciendo.

—Si te vas a duchar, observa qué hacés primero: ¿shampoo?, ¿jabón?…
—Si vas a pasear a tu perro, solo pasealo. Disfrutá de la caminata, del paisaje, cambiá la ruta.
—Si vas a tomar té, solo tomá té. Concentrate en la temperatura del agua, el aroma, el sabor…

En la siguiente sesión, al conectarse a la videollamada, su rostro lo decía todo: ojos muy abiertos, expresión de sorpresa. Guardó silencio unos segundos y luego dijo:

—“El té tiene otro sabor”.

Atención plena- La hora del te

En ese momento supe que el ejercicio había tenido un impacto. No solo había tomado té, lo había experimentado. Había entendido la diferencia entre hacer algo en modo automático y hacerlo estando verdaderamente presente.

Y esto mismo es lo que necesitamos aplicar en nuestras jornadas: atención plena en el trabajo.

Si logramos estar realmente presentes en una reunión, los resultados no solo serán mejores, sino también más rápidos: podremos captar lo que se dice y lo que subyace a lo que se dice; leer las emociones, los gestos; comprender mejor las dinámicas entre quienes participan.

Estar presentes no solo nos hace más eficaces: también transmite respeto. Le dice al otro: “Estoy aquí contigo. Me importa lo que estamos haciendo”.

¿Y tú? ¿Te animas a tomar un té?

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